La inteligencia artificial producirá un cambio de paradigma en la existencia humana, a la altura del generado por la digitalización de las empresas. De hecho, la IA permitirá a los ordenadores desempeñar funciones avanzadas propias del ser humano. Conforme su autoaprendizaje se optimice, sus prestaciones podrían ser casi ilimitadas. Ahora bien, ¿cuáles son los principales retos a los que se enfrenta?

Implantación correcta

La IA es un conjunto de algoritmos con el que las máquinas imitan la inteligencia humana. Gracias a ello, realizan tareas mundanas cada vez más complejas y se perfeccionan mediante el análisis de la información recopilada.

Actualmente, ya se está implementando con eficiencia. Así, está permitiendo automatizar tareas y evitar errores al hacerlas, pero su implantación requiere contar con profesionales expertos.

No solo eso, las empresas deben desarrollar una estrategia de inteligencia artificial, para lo cual es preciso:

  1. Establecer objetivos y líneas de actuación.
  2. Identificar los problemas, los requisitos y los desafíos, concretando cómo superarlos.
  3. Contar con un liderazgo IA cualificado.
  4. Disponer del personal capacitado, motivado y cualificado para su aprovechamiento.

Como en cualquier otra tecnología, el factor humano sigue siendo clave. Sin embargo, la falta de experiencia o de formación es hoy en día un freno para su desarrollo. Poco a poco, cada vez más especialistas serán capaces de acabar con esta rémora.

Incremento de la productividad

Los avances en este campo son firmes, aunque todavía van despacio. Las empresas y las organizaciones necesitan amortizar sus costes a corto plazo. No pueden esperar en exceso la rentabilidad y la productividad de sus iniciativas.

Los actuales logros de la IA ofrecen ventajas incipientes, pero todavía no son capaces de transformar la gestión empresarial de modo exponencial. La necesaria convivencia entre el elemento humano y esta transformación tecnológica nos exige analizar a fondo qué interesa, y qué no, implementar en cada empresa.

Aumentar esta productividad será la consecuencia de una evolución tecnológica que, innegablemente, no tardará en llegar. Hasta entonces, la inteligencia artificial se irá extendiendo con el freno echado.

Coste elevado

Los inicios tecnológicos siempre son complejos. La creatividad en un campo nuevo siempre resulta dependiente de la inversión realizada. Las innovaciones tienen costes altos y, hasta que no se empiezan a rentabilizar con la explotación comercial, se mantienen elevados.

Además, también es habitual la estrategia de descremar el mercado durante el lanzamiento de novedades tecnológicas. Las élites deben ser las primeras en disfrutar estas creaciones. Así, esos precios elevados suponen un aliciente para ciertas compañías, pero también un freno para la gran mayoría. Mucho más si tenemos en cuenta que las organizaciones todavía no obtienen una productividad excepcional con su uso.

Nivel de desarrollo de la IA actual

Asimismo, la eficacia de los sistemas de inteligencia artificial desarrollados está siendo desigual. Junto con importantes avances y prometedores desarrollos nos encontramos también con fracasos y expectativas frustradas. Por ejemplo, los continuados errores en el reconocimiento de imágenes de los coches autónomos.

Esta es otra de las líneas de mejora decisivas. Algunas de las demandas del mercado todavía no encuentran soluciones 100 % fiables. Todavía hay solicitudes y funciones que no son bien entendidas o resueltas. Ante este riesgo de fallos, la prudencia se convierte en lógica. Impulsar estos avances es fundamental para la difusión global de esta tecnología.

Rechazo interno en la empresa

El miedo al cambio es inherente a todos los grupos humanos. Ha ocurrido siempre y seguirá ocurriendo. Mucho más cuando entran en juego cuestiones éticas y morales, así como la posibilidad de modificar para siempre el estilo de vida compartido.

La inteligencia de las máquinas y la existencia de robots que imitan el pensamiento humano generan controversia. En primer lugar, se cuestionan todos los puestos de trabajo humano que pueden quedar eliminados. Surgen críticas, prevenciones y algunos temores. También relacionados con los riesgos vinculados a la privacidad y con la visión catastrofista de que las máquinas puedan acabar gobernando el mundo.

Por todo ello, la implantación de esta renovación tecnológica todavía se enfrenta a frenos internos en las propias organizaciones. La IA habrá de ser capaz de superarlas antes de consolidarse.

Problema de la black box

La llamada paradoja de Polanyi establece que los humanos somos capaces de hacer cosas que no sabemos explicar. De hecho, una ingente sucesión de pruebas y errores permite alcanzar los funcionamientos deseados en determinados sistemas de inteligencia artificial. El problema es que, a veces, no se sabe por qué ni cómo se ha logrado esa solución.

Las personas no somos capaces de explicar cómo hemos escrito un poema bellísimo o anotado un gol fruto de un arranque de inspiración. Cuando los recursos de IA comiencen a adquirir esta capacidad, las empresas dejarán de poder explicar por qué actuaron de ese modo. Se conoce como caja negra y es una de las desventajas de la inteligencia artificial. Por otra parte, nos recuerda que la calidad de las decisiones humanas siempre será superior.

En definitiva, la inteligencia artificial tiene todavía un largo camino por delante. Pero, posiblemente, su autoaprendizaje le permitirá recorrerlo más pronto que tarde.